En diciembre del 2015 viajábamos en la carretera rumbo hacia
Veracruz, eran las 6 de la mañana el frio se sentía junto con la niebla que no
me dejaban dormir pero el cansancio hizo que el sueño me venciera.
De repente se atravesó un rayo de luz en el vidrio de la
ventana el clima ya era diferente se sentía la brisa de una mañana calurosa eso
me hizo ver que ya estábamos en Veracruz. Llegamos al puerto lo primero que
hicimos fue visitar el malecón, la ciudad se contaba desierta y el mar no
estaba quieto debido a un norte.
Aun así mi hermana la pequeña no se aguanto las ganas de ir
corriendo hacia el mar, su felicidad se notaba en sus gestos y en su cuerpo ya
que daba saltos de alegría y agitaba los brazos como queriendo abrazar al mar
en ese momento sin importar que tenia ropa y zapatos quería meterse al mar. A
diferencia de lo que me provoco a mí estar enfrente del mar, sentí tranquilidad
y agradecimiento por poder tener la oportunidad de disfrutar ese paisaje con mi
familia.
Los sonidos que llegaban a mi oído eran el mar, que para mí
era como si me diera a entender lo maravilloso que es la vida, también se
escuchaban las aves revoloteando en busca de su comida hubiera querido que ese
momento durara años, sin embargo, teníamos que buscar un hotel para pasar la
noche, al mismo tiempo mi familia y yo disfrutábamos
de los monumentos.
Pasamos varias horas buscando el hotel sin encontrar uno
adecuado para nosotros, mi hermana pequeña me mostraba su cansancio con llanto
lo que hizo más estresante la situación al grado que entramos a un restaurante
por la necesidad de comer sin importar como estuviera el lugar y la comida.
A diferencia de aquel lindo momento frente al mar ahora estábamos
cansados, abochornados, enojados y estresados tanto que discutíamos entre nosotros.
Mi mama tomo la decisión de dejarnos sentados en una banca
del centro de Veracruz mientras que ella buscaba un hotel, esto sirvió para que
nos relajáramos un poco, pasando aproximadamente una hora mi mama regreso con la
buena noticia de que ya había encontrado un buen hotel. Al momento llegamos nos
instalamos y nos quedamos dormidos un buen rato. Despertamos ya en el anochecer
bajamos al zócalo de la ciudad encontrándonos con la sorpresa de que había un
festival de salsa, el lugar estaba lleno de gente y con la música en vivo nos llenaba
de energía, era emocionante ver como la gente bailaba con mucha alegría.
Sin darnos cuenta ya pasaba de media noche
entonces tuvimos que irnos al hotel para descansar porque al siguiente día nos
esperaba un maravilloso día en la playa.
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